sábado, 14 de diciembre de 2024

Los jardines del Campo del Moro en el Palacio Real de Madrid.

Los jardines del Campo del Moro  comenzaron a llamarse oficialmente así en el siglo XIX, pero la historia de su nombre se remonta a muchos siglos atrás.

Tras la conquista cristiana de la ciudad musulmana Mayrit, un almorávide llamado Yusuf junto con su ejército, acamparon en estos terrenos con la intención de recuperar la ciudad perdida sin conseguirlo. Por esto se llamó el Campo del Moro.

Este sería el aspecto actual de los jardines.



Estos terrenos donde ahora están ubicados los jardines, los compró Felipe II cuando decidió instalar en Madrid su corte en 1561.

En principio era un espacio dedicado a la caza.

Donde estaba el Alcázar de los Austrias, que desapareció en un incendio de la Nochebuena de 1734, y que previamente era donde se encontraba el castillo musulmán, es destacable el tremendo desnivel que existía entre el Alcázar y los jardines. 

Lo observamos en el dibujo de Anton van den Wyngaerde realizado en 1562, el cual lo localizamos en el Restaurante Botín de Madrid.




También observamos el desnivel en el plano de Texeira de 1656.




Ya construido el actual Palacio Real, vemos los terrenos del Campo del Moro nevados en un cuadro que se encuentra en el Museo de Historia de Madrid, cuya fecha data de 1816.




Durante los reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III, se proyectaron diversos planes de ajardinamiento en este espacio sin que llegaran a formalizarse.

José I encargó a Juan de Villanueva en 1810 la construcción del Túnel de Bonaparte, que comunica estos jardines del Palacio Real con la Casa de Campo, hoy cerrado al público, pero podemos observar la puerta de entrada al mismo.




Durante el reinado de Isabel II se acometieron las primeras obras de acondicionamiento de los jardines. Se usaron para su nivelación, los escombros procedentes de las obras de la remodelación en la Puerta del Sol en aquellos tiempos.

En esta época se instaló la fuente de las Conchas, del siglo XVII, que previamente había estado ubicada en el Palacio Don Luis en Boadilla del Monte.




Ramón Oliva en 1890, bajo la regencia de la reina María Cristina realizó el diseño definitivo de los jardines.

Durante este periodo se instalaron columpios, bancos y casitas de estilo alpino, como el Chalet de la Reina.






El otoño es especial para pasear por estos jardines, con el colorido único que ofrecen.









En todas las estaciones del año, los jardines del Campo del Moro serán siempre un espacio interesante para visitar.




Texto y fotografías: Teresa Miralles Amorós.

Bibliografía: Revista Madrid Histórico.  
Número 113.

Teresa Miralles Amorós es autora del libro
Paseando por Mayrit.

viernes, 3 de mayo de 2024

Arte urbano en Madrid.

 La ciudad de Madrid tiene el privilegio de disponer de unos Museos con unas obras excepcionales, donde los amantes del arte pueden disfrutar de los diversos estilos que se puede encontrar en ellos, desde los más clásicos hasta los más contemporáneos.

El más conocido e internacional es el Museo del Prado, pero existen otros muchos donde apreciar la imaginación y la capacidad de crear arte que poseen ciertos autores.

No hay que olvidar las fuentes que fuera de los edificios ayudan a embellecer más la ciudad.

Las galerías de arte e incluso los hoteles han contribuido a que se fomenten obras de arte, donde también estarían incluidas esculturas, fotografía y otras manifestaciones de la cultura.

Desde hace unos años se ha normalizado un arte urbano donde a través de murales y trampantojos en fachadas, garajes y mobiliario urbano, han dado un nuevo aspecto y alegría a las calles y a las ciudades. Entre ellas Madrid.

De alguna manera las obras de los Museos han salido a la calle.

Recientemente se celebró un festival en el barrio de Lavapiés, donde los artistas mostraron sus últimas obras, aunque desde hace tiempo en sus calles ya observamos esta tendencia de arte.

Las siguientes fotografías están tomadas en el citado barrio.








En el barrio de Malasaña durante estos días también hubo un certamen donde varios artistas expresaron sus ideas a través de sus pinturas.

Una muy llamativa fue esta que aquí observamos.




Sin olvidar al mítico establecimiento que todavía permanece en el barrio.




Alejados del centro, en otros barrios como La Elipa en este ascensor junto a un edificio, el artista proporcionó un especial colorido a la calle.




No muy lejos de este lugar, en el Distrito de Ciudad Lineal encontramos este mural con un claro significado feminista.



Al barrio de Carabanchel últimamente se le conoce como el Soho madrileño. Numerosas galerías de arte se han trasladado a este barrio y le han proporcionado un especial dinamismo. En una fachada de este barrio se creó este pequeño mural.




Centrando la atención en el Madrid de los Austrias, vemos cómo en la Plaza de Puerta Cerrada existe un mural desde hace muchos años donde está escrito el lema legendario de la ciudad de Madrid:

"Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son"




Recientemente en un mural que se pintó en la fachada de un edificio en la calle de Santiago,  aparece también este lema.




Paseando por la calle del Almendro, junto a los restos de la muralla cristiana está un mural donde se aprecia el Alcázar de los Austrias y otras edificaciones de diferentes épocas.




En la calle Segovia son curiosos los trampantojos que existen en la fachada de este edificio.



 
Así como los que encontramos en la Cava Baja.




Esta calle junto a la Cava Alta, fueron parte del foso de la muralla cristiana. Al ir desapareciendo esta, se fueron rellenando y nivelando hasta formar las calles que hoy conocemos.

En la Cava Baja se ubicaría un edificio llamado Peso de la Harina y un mural situado en dicha calle nos lo recuerda.




Estas calles se convirtieron sobre todo en el siglo XVII, en el centro del comercio en Madrid y se poblaron de posadas y tabernas como vemos en varios de los murales de estas calles. Hoy día siguen animando la ciudad con numerosos establecimientos.






Por último en la calle de los Mancebos esta imagen en un garaje de dicha calle, nos recuerda que el arte urbano está en auge y sus escenas cotidianas nos hace sentirnos más cercanos con él. No nos deja indiferentes.





Texto y fotografías: Teresa Miralles Amorós.